El pasado viernes por la noche, en un ambiente de calidez y hermandad, el ministerio de mujeres de Gracia Cuernavaca dio inicio a una nueva serie de estudios bíblicos. Más de 30 mujeres nos reunimos en la colonia Acapantzingo, en el hogar de una de nuestras hermanas, para abrir juntas la Palabra de Dios. Fue un gozo especial contar con la presencia de algunas madres de nuestras hermanas que nos acompañaron para escuchar el Evangelio.

Un Contexto Histórico Necesario

Nuestra hermana Ivonne fue la encargada de introducirnos a la Primera Epístola de Pedro, libro que estaremos estudiando a lo largo de este año. En esta primera sesión, nos centramos en los versículos 1 y 2, estableciendo un fundamento histórico vital para comprender el peso de esta carta.

Aprendimos sobre el contexto bajo el gobierno de Nerón y la persecución que sufrían los cristianos, quienes fueron culpados injustamente y dispersados. Se nos explicó la realidad de la "diáspora" en regiones como el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

Referencia Visual: Durante la enseñanza, utilizamos un mapa comparativo para ubicar geográficamente estas provincias romanas al norte de las montañas y entender cómo esas antiguas ciudades conforman lo que hoy conocemos como Turquía.

La introducción se dividió en tres puntos doctrinales clave:

  1. Destinatarios: Los expatriados de la dispersión.
  2. Elegidos: Recordando que nuestra salvación es un acto soberano de Dios desde antes de la fundación del mundo, no por mérito humano, sino por Su pura gracia.
  3. Saludo: El deseo apostólico de gracia y paz multiplicadas.

De la Historia al Corazón

Aunque la sesión tuvo una carga histórica importante, el propósito fue aterrizar en la realidad espiritual de nuestras vidas. Hablamos de la Gracia y la Paz que Dios da y que tenemos a nuestro alcance, verdades fundamentales para enfrentar las pruebas actuales.

Reconocimos que, al igual que los destinatarios de Pedro, muchas estamos pasando por diversas pruebas: temas de salud, dificultades en el matrimonio, hijos rebeldes o padres inconversos. Sin embargo, se nos recordó que debemos confiar en que los propósitos de Dios son perfectos y que Él gobierna soberanamente sobre todas las cosas para Su gloria.

Como mujeres creyentes, fuimos exhortadas a dar testimonio fiel. Sabemos que existe un conflicto espiritual y que debemos mantenernos firmes y sobrias, velando en oración —como nos recuerdan pasajes como 1 Pedro 5 y Colosenses 4:2— para no caer en tentación. Nuestra santidad es vital para no traer deshonra a nuestro Señor ni a Su iglesia, fortaleciendo así al cuerpo de Cristo.

Comunión y Gozo

La noche no solo fue alimento para el espíritu, sino también un tiempo precioso de convivencia alrededor de unas mesas largas dispuestas para la ocasión. Disfrutamos de una cena deliciosa preparada con amor, compartiendo diversos platillos y bocadillos que fueron el deleite de todas mientras fortalecíamos nuestros lazos de amistad.

Tuvimos un momento muy alegre al celebrar la vida de Dana (hija de nuestra hermana Yasmín), cantándole el "feliz cumpleaños" por su día celebrado ayer.

Al finalizar, entre abrazos y una sobremesa extendida, se podía percibir un ambiente genuino de amor y hermandad. Fue evidente que el Señor estaba ahí con nosotras, recordándonos que, aunque vivamos como extranjeras en este mundo, no estamos solas: tenemos a nuestro Dios y nos tenemos las unas a las otras.